Escribo sobre todo lo que veo para no ahogarme en todo lo que no se ve.

Siempre he tenido la sensación de que, en mi vida, la poesía simplemente ocurre.

He escogido mi carrera, he escogido la cerámica, he escogido dejar de tocar el piano y, aunque lo añoro, sigo siendo Irene. La escritura parece que va por otro camino, muy lejos de poder decidir si me apetece o no me apetece.

La escritura me conforma, igual que el resto de mis órganos. Y si un día dejase de escribir, no sería dejarlo, sería parar por un tiempo porque siempre vuelve. Y porque no estoy segura de poder decir que Irene sin escritura sigue siendo Irene.