El libro que tienes entre las manos fue semilla durante mucho tiempo. Decidió germinar gracias a mi alrededor, aunque parecía que las condiciones de la tierra nunca iban a ser idóneas. Ha resultado ser una prueba física de que yo misma no suelo tener razón. Ha florecido en primavera –¿cuándo sino?– y morirá en las manos de cualquiera que lo abra. No hace falta regarlo, lo podéis guardar entre otros libros, como se guardan las flores para que se mantengan con un resquicio de vida; o podéis dejarlo secar encima de cualquier mesa. No importa, es una flor arrancada del suelo y esto lo libera de mis manos.

1a edición (Primavera 2019)
2a edición (invierno 2022)


Autoría y edición por Irene Forteza
Diseño y maquetación por Adriana Forteza
Epílogo de Max Fernández
Epílogo de Blanca Ballester

Hablo de flores porque ellas nos hablan de todo lo demás, porque nos hacen de espejo. Porque en ellas sí vemos la misma belleza tengan pétalos o no los tengan; estén secas, vivas, fertilizadas, olvidadas, cerradas, transparentes, rotas, fragantes o muertas. No por que hayan conseguido vivir al margen de todo, sino porque no las observamos —tanto— a través de nuestros pesados juicios sobre lo gastado, lo incoloro, lo deshecho, lo arrugado. Es verdad que, la mayoría de nosotros, preferiría una flor recién arrancada a una ramita seca. Meted una ramita seca en un jarrón, mimadla igual que si fuera la rosa más tierna, y podréis ver en ella tantas, o incluso más historias.

Hablo de flores porque en ellas se hace evidente el cambio —tan sutil— que envuelve las cosas, y nos muestran que lo bueno y lo malo es tan relativo que todo juicio pierde el sentido. Porque son niñas y niños, ancianos y ancianas, sin prisa, ni apego, ni nada más que lo que tienen.

PROYECTO AUDIOVISUAL

Durante el verano de 2019 tuvimos la idea de mezclar la cámara de Claudia Bonnin (@claudiabonninfotografia) con mi poemario Primavera, verano, otoño, invierno.